Tu casa sin tóxicos

El estilo de vida ha cambiado tanto en las últimas décadas que estamos mucho más expuestos que nuestros antepasados a agentes tóxicos, sean químicos, físicos o biológicos. Como explica la experta Elisabet Silvestre en su libro “Tu casa sin tóxicos“, no se trata de vivir en una burbuja, pero sí de acceder a la información completa sobre el entorno en el que vivimos para tomar decisiones más adecuadas.

En esta entrevista Elisabet nos alerta del efecto cóctel de miles de sustancias, del olvidado principio de precaución, del poder personal para mejorar nuestra salud, de las elecciones conscientes y saludables y del papel fundamental de la cocina y el dormitorio dentro de una casa sana.

Recomiendo la lectura de la entrevista y de su libro “Tu casa sin tóxicos“. Es curioso que en los propósitos de año nuevo y en las listas de hábitos saludables siempre se olvida la casa, pero ésta es clave para tener una vida mejor. Y como dice la autora “Una cocina saludable es el mejor plan detox“…

 

1. ¿En qué se diferencia nuestro estilo de vida ambiental respecto a la época de nuestros abuelos y qué implicaciones tiene eso?

Si pienso en mis abuelos, vivían en un entorno rural, en contacto con la naturaleza, con una vida muy activa debido a sus labores cotidianas en el campo, cultivando la tierra y cuidando los animales. La mayoría de sus alimentos procedían del huerto. Mi abuela hacía el pan y unas riquísimas magdalenas, cocinaba pucheros a fuego lento con legumbres y verduras. También elaboraba el jabón, la crema de caléndula con aceite, la sopa de tomillo y ajo para los refriados, la miel directa de la colmena,…

Comían poca carne, de animales que criaban ellos mismos con los restos de comida de la cocina y del huerto. Hacían mucha actividad, ejercicio diario, el carro o la bicicleta como medio de transporte del día a día. Compartían con los vecinos, hacían grupo social.

En menos de 50 años, se ha dado un vuelco a los hábitos de vida, nada que ver.

El entorno actual ha cambiado mucho, incluso en muchos entornos rurales. La contaminación ambiental, los alimentos procesados, el sedentarismo, la pérdida de contacto con la naturaleza, las relaciones de los “likes”… esconden una pérdida del desequilibrio del organismo, de síntomas adversos de salud. Alergias, asma, otros problemas respiratorios, intolerancias alimentarias, eczema, síndromes metabólicos, desequilibrios hormonales, problemas de fertilidad, incluso algunos tipos de cáncer se asocian a determinados factores ambientales y hábitos.

2. ¿Por qué es tannnnnn larga la lista de agente tóxicos presentes en la vida cotidiana? ¿Cuáles son los más importantes a tener en cuenta?

Los agentes tóxicos pueden ser de naturaleza química -como las sustancias quimicas-, física -radiaciones, ruido,…- o biológica -microorganismos como ácaros y mohos,-.

En cuanto a los agentes de naturaleza química, se estima que unas 140.000 sustancias químicas sintéticas forman parte de productos de la vida cotidiana y, de algunas ya se conoce que pueden tener un efecto de desequilibrio en el organismo, como actuar como alergenos, como disruptores endocrinos o ser potencialmente cancerígenos. No se tiene conocimiento sobre el efecto cóctel, es decir, qué efecto producen cuando la exposición es a varias sustancias o varios agentes. Y esa es la realidad, una exposición a múltiples sustancias y a diferentes agentes.

La propuesta es de considerar los productos que consumimos de forma habitual; a más consumo, más exposición con los agentes de riesgo que contengan. También podemos crear un ambiente más saludable en casa, porque ese es un espacio donde vamos a pasar muchas horas cada día. Conociendo las opciones más saludables, se puede optar por comprar esos productos, una forma de contribuir a potenciar la salud.

3. Si tenemos que elegir una estancia de casa para actuar ¿Por dónde empezamos?

Por aquellas que juegan un papel más relevante en el equilibrio del organismo y de la salud: la cocina y el dormitorio.

La cocina se puede ver como un laboratorio donde preparamos la mejor medicina para nuestro cuerpo: los alimentos. Cada día comemos, varias veces al día. Escoger productos de calidad, frescos, de temporada, mejor de proximidad y ecológicos. Cocinar a temperatura más baja, así se evita la producción de sustancias tóxicos debido al proceso de cocción como fritos, barbacoas, a temperaturas altas. Utiliza utensilios que no contengan tóxicos: evita los plásticos en la cocina, comprueba que las sartenes no contengan PFOS y PFOAS,… y así, minimizarás la entrada de sustancias que actúan como alteradores hormonales al cuerpo.

Podríamos decir que el mejor plan de desintoxicación empieza en la cocina, evitando consumir determinados tóxicos. Y sigue en el dormitorio, el lugar donde cada noche vamos a reparar. Evitar las luces azuladas, poner los móviles en modo avión, elegir el “buen lugar” para evitar otras radiaciones,… y todo está listo para un descanso reparador, sin agentes ambientales que puedan alterar el proceso noche a noche.

4. Si en nuestro organismo pueden influir radiaciones naturales, compuestos químicos, materiales de construcción, cosmética, alimentos… ¿es mejor que nos vayamos a una isla desierta?

(risas) … No es la primera vez que me lo preguntan y, suele ser un argumento de quienes consideran que divulgar estos conocimientos es ir en contra del avance social y tecnológico. Conocer opciones más amables para nuestro sistema biológico no significa vivir en una burbuja, alejarse de la civilización, culpabilizar o vivir con miedo. Se trata de aprender qué nos beneficia para potenciarlo, qué no nos beneficia para minimizarlo.

La salud va más allá del sistema sanitario, la salud debería estar muy presente en todas las acciones, en todas las propuestas y tendría que venir de la mano de políticas que así lo impulsaran. Pero también, como consumidores podemos tomar partido y elegir qué productos compramos para pintar la pared de casa (calidad del aire), nos ponemos en la piel (y que pasaran al interior del cuerpo), comemos o bebemos…

5. ¿Quién es Elisabet Silvestre y por qué ha escrito el libro “Tu casa sin tóxicos”?

Me formé como bióloga, me fascinaba la genética y estuve trabajando durante unos 19 años en sanidad pública y privada, la última etapa como jefa de sección de Citogenética y Biología Molecular. Después me interesé por la salud ambiental, y tuve la oportunidad de relacionarme con personas afectadas de enfermedades ambientales, aprendiendo de la importancia del entorno y de los hábitos cotidianos en el equilibrio de la salud. Era un momento en el que empezaban a tener más visibilidad los estudios científicos sobre cómo el entorno más inmediato juega un papel en el equilibrio de la salud.

De la experiencia de todos esos años, pensé que compartir y divulgar esos conocimientos, podía ayudar a personas que todavía no habían enfermado, que quieren cuidar su salud, también a personas enfermas que quieren adecuar el entorno de su casa para que sea más saludable. Así que este libro es una guía práctica para reconocer los factores de riesgo y apostar por opciones más favorables. En este camino de divulgar hábitos más saludables, que ayudan a promover salud, me animaron personas enfermas a las que había ayudado a ganar salud hacer un cambio de hábitos.

6. El prólogo de tu libro afirma que “sí se puede”. ¿Qué 5 consejos nos darías para evitar tóxicos y ganar bienestar y salud?

Este prólogo es de Francisca Gutiérrez, afectada por enfermedades ambientales, y expresidenta de Asquifyde (asociación estatal de afectados por los síndromes de Sensibilidad Química Múltiple y Fatiga crónica, Fibromialgia y para la Defensa de la Salud Ambiental). Francisca dice en el prólogo:

“Me hubiese gustado que este libro llegara a mis manos hace unos cuantos años, y haber podido llevarlo a la práctica antes de que la enfermedad invadiera mi vida”.

Déjame que te lea como empieza el prólogo:

“El “Sí se puede” existe. Los ciudadanos siempre tienen la última palabra a través de sus actitudes y sus acciones. Este libro es prueba fehaciente de ello en el ámbito del derecho a un hábitat más sano”.

Para poder abordar un ámbito de tanta complejidad como es la salud ambiental en casa, cada capítulo cuenta con unos consejos prácticos. Hay mucha información acerca de estudios que evidencian cómo puede beneficiar al organismo el minimizar la exposición cotidiana a los diferentes agentes
tóxicos. La propuesta es poder empezar por pequeños cambios, empezando y priorizando aquellos gestos y hábitos que son cotidianos, los que hace cada día, porque son los que, a la larga, más efecto podrán tener: los alimentos, los cosméticos y productos de higiene personal, la higiene energética,…

Algunos cambios que se proponen, no tienen coste económico alguno, y en cambio, aportan grandes beneficios para la salud física y mental: tomar el sol 20 minutos cada día, andar por el bosque o cultivar las relaciones.

7. ¿Cuáles son los grupos de riesgo mas sensibles a la exposición de un agente tóxico?

Las embarazadas, bebés y niños, destacan como grupos de riesgo. Y personas enfermas y las afectadas por enfermedades ambientales. El embarazo es un momento crítico porque es cuando se produce la formación de órganos y sistemas, y el crecimiento y la maduración de los mismos. La exposición a un tóxico en estas etapas puede aportar consecuencias para la salud, que puede mostrarse en la etapa infantil, en la etapa adulta y, para algunos tóxicos, incluso en las generaciones siguientes.

Y para las personas afectadas de enfermedades ambientales, que ya han perdido la tolerancia a los tóxicos ambientales presentes en la vida cotidiana, resulta invalidante el poder seguir con sus quehaceres habituales.

8. ¿Dónde ha quedado el principio de precaución en la sociedad actual?

Con las investigaciones científicas que evidencian que las dosis bajas, las que estamos expuestos de forma habitual, y que están dentro de los límites legales de exposición para la población, tienen la capacidad de crear disfunciones en los sistemas biológicos, se abre la reflexión de que sería necesario revisar los límites actuales, especialmente pensando en los grupos de riesgo, en los más sensibles como son bebés y niños. Si las normativas se basan en límites más favorables para la población infantil, son aptas para todos.

Diferentes organismo europeos apelan a aplicar el principio de precaución, que parece bastante olvidado. Realmente, el reto está en anticiparse a los retos. Si hay agentes ambientales que ya se evidencia un impacto nocivo para la salud, aplicar el principio de precaución es fundamental en salud pública. Recordemos el principio de la medicina “primum, non nocere” -primero, no dañar-.

9. Si Elisabet Silvestre fuese Ministra de Industria y Medio Ambiente con libertad total presupuestaria y de acción, ¿qué medidas tomaría pensando en la salud de la ciudadanía?

La salud de los ciudadanos depende en gran medida del entorno, de la salud social y ambiental, de la salud del planeta. Y el planeta no es finito y además, ya hace años que se está quejando. El cambio climático es una realidad que ya no se puede negar. Las consecuencias sociales de estos cambios, también son una realidad.

Tomar medidas en determinados ámbitos es una forma de avanzar, pero no podemos olvidar que la salud va más allá del sistema sanitario, y debería considerarse en todas las políticas. El reto es no dar la espalda al impacto social, al impacto ambiental de un sistema que pretende seguir produciendo, como si el planeta fuera infinito, obviando consecuencias que, a día de hoy, ya son muy obvias.

Una visión más integradora, sin centrase solo en el beneficio humano, abordando la salud del planeta, entiendo que es la vía para abordar estas políticas. Una vía que aportará salud a los ciudadanos de ahora y a los del futuro.

CONFERENCIA: Vivir sin tóxicos en tu vida cotidiana