Las clases de cocina vistas por mi hijo

mantel mesa

Este es el regalo que recibí de mi hijo de 7 años el Día de la Madre y que me hizo mucha ilusión y también me permitió una reflexión (y un susto) sobre cómo ven los niños el mundo de los adultos y el suyo propio. El regalo es un mantel individual para la mesa, un dibujo en folio grande plastificado, y representa, según mi hijo, mis clases de cocina: “tu mami a la derecha dando la clase y un alumno con una receta a la izquierda“.

La realidad es que mis clases de cocina no son así en absoluto y que las clases escolares infantiles tampoco deberían ser así, según numerosos expertos, pero el niño ha extrapolado lo que ocurre en su aula a las mías.

¿Cómo son las clases de cocina y cómo son algunas escuelas?

Todas mis clases de cocina, hasta la fecha, son participativas. Tras una presentación en power point en la que explico las recetas que vamos elaborar, sus propiedades, sus fotos y a veces vídeos; la alumnas las elaboran en grupitos de 2-3 personas, a la vez que ven lo que cocinan las compañeras y al final lo degustamos entre todos convirtiendo la clase, en muchos casos, en una cena muy completa.

La mayor parte del tiempo, estamos de pie cocinando y aprendiendo con las manos en la masa (algunos dirían que en un caos ordenado) para quitar miedo a las recetas y descubrir que cualquiera de nosotros sin conocimientos previos puede hacer un delicioso risotto, coulant de chocolate o tabulé. Estas son las fotos de las clases en el albergue de Alfaro (La Rioja) y en mi propia casa.

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Mi hijo ha venido, a veces, al final de las clases y nos ha visto sentaditos, tranquilos y comiendo y ha creído que era como en el cole. Pero ¿deben ser así los coles, al menos los de niños pequeños?

Cada vez son más las voces expertas que afirman que “se aprende más jugando que estudiando“, que el juego libre es imprescindible para crear conexiones neuronales y que a los niños no se les debe forzar a pasar largas horas sentados, encerrados y con materias ajenas a su curiosidad natural; necesidades del mercado y la ausencia de conciliación pero no de la infancia, y menos de los procesos de aprendizaje.

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Precisamente, una amiga nuestra es autora del libro “Una revolución en la escuela. Despertando al dragón dormido” y maestra-acompañante en una escuela libre en la provincia de Barcelona (Liberi) en la que los niños pueden subirse a los árboles en horario escolar o tocar la guitarra o jugar con matemáticas. En el primer vídeo entrevisto a Cristina Romero en una chopera en Préjano (aquí la transcripción) y abajo, el programa de La 2 “Una escuela alternativa” en la que se ve el día a día en Liberi y cómo aprenden los niños, y debate su director con otras personas.

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Conclusión, tengo que llevar a mi hijo a mis clases para que vea a los participantes de pie, cocinando-disfrutando y aprendiendo y respecto a la escuela, esperemos que poco a poco despertemos todos a esos dragones sabios que llevamos dentro y mejoremos el mundo…

 

 

 

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